Pánico en los Espacios Siderales

The Pulp Hunter

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Capítulo tercero: Pánico en los Espacios Siderales

“El primer aviso que tuvieron los hombres del desastre que se avecinaba tuvo su origen en la llegada de una nave espacial de características hasta entonces desconocidas. Aterrizó en las llanuras de Nuevo México. Su estructura exterior no se asemejaba en absoluto a ninguna de las cohetonaves que procedentes de otros mundos recalaron en la Tierra. Tenía el aspecto de una gigantesca esfera dorada, sin portezuelas, reposadores ni dispositivos externos que truncaran la solución de continuidad de su superficie. Durante dos días y dos noches ningún tripulante dio señales de existencia. El misterio creado alrededor del extraño artefacto fue creciendo de punto hasta alcanzar un grado insospechado.”

Karel Sterling – Pánico en los Espacios Siderales

 

No hay nada como desayunar en la terraza ajardinada del Excelsior los domingos por la mañana, sobre todo si pasaste la noche anterior en agradables compañías y con la mirada perdida en el cielo estrellado. El desfile de tazas de café y mimosas tras el brunch continúa su marcha imparable mientras, a lo lejos, la ciudad despierta perezosa con la voz de Tina Charles cantando su I Love to Love. Precisamente el Pulp que os traigo hoy trata sobre uno de esos eternos viejos sueños de la Humanidad, el que sobreviene tras perder horas y horas mirando las estrellas. El menú de hoy: Ciencia Ficción española con un inocente y nostálgico aroma retrofuturista.

Hoy hablamos de “Pánico en los Espacios Siderales”, un Pulp patrio escrito por Karel Sterling, pseudónimo literario tras el que se ocultaba un destajista sevillano llamado Julio Pérez Blasco. Sterling/Pérez Blasco publicó esta novela de a duro en 1956 gracias a Editorial Valenciana, siendo su primera incursión en el género de Ciencia Ficción y ocupando el número 76 de la colección “Luchadores del Espacio”. Parafraseando lo que nos dice la web de la Biblioteca Nacional, “Luchadores del espacio” fue una publicación quincenal de culto que surgió gracias a una propuesta del escritor Pascual Enguídanos (más conocido como George H. White o Van S. Smith), cuya serie “La saga de los Aznar” ocupó un lugar preeminente en dicha colección. Otro de los autores destacados de la misma fue el llamado Profesor Hasley, por desgracia Karel Sterling quedó relegado a una posición de segunda fila en la que tan solo resultó memorable por sus argumentos disparatados (que son los que nos gustan aquí).

“Pánico en los Espacios Siderales” comienza en nuestro planeta Tierra, en algún momento posterior al año 2367 (no se especifica). Un buen día, el mayor terremoto que ha conocido nuestro planeta provoca el surgimiento espontáneo de un nuevo continente en aguas del Pacífico y resulta ser un continente completamente formado por oro puro. Tras la consecuente fiebre del oro y crisis mundial por la saturación del mercado aterriza en Nuevo México (posiblemente siguiendo las recomendaciones del alien de Roswell tras el accidente que tuvo allí en 1947) una nave del espacio exterior proveniente de Siwha (todo lo que tiene que ver con la nave y su tripulante tiene un ramalazo enorme a Ultimatum a la Tierra), un planeta que se consideraba muerto. Por si el mensaje no fuese ya lo suficientemente unívoco, la nave es una esfera dorada tripulada por un humanoide dorado y repleta de controles e instrumental dorado, aun así nadie parece conseguir relacionar el surgimiento del continente áureo y la aparición de este gigantesco adorno navideño de origen extraterrestre.

Por lo visto el pueblo de Siwha (gobernado por una satrapía, como en la antigua Persia) está a punto de morir a causa de la ausencia de oro en su planeta (se explica que estos alienígenas “respiran” una solución líquida compuesta principalmente por oro). Como desde hacía tiempo estaban observando nuestro planeta con ojos envidiosos, han detectado el surgimiento de esta veta continental en la Tierra como una posibilidad de supervivencia; para ello quieren eliminar ¾ partes de la población terrestre y ocupar nuestro planeta con la idea de “siwhaformarlo”, y ya de paso esclavizar al remanente de la raza humana. Los gobiernos terrícolas se reúnen para hablar con el alienígena dorado y deciden dispararle con todo lo que tienen, pero nada funciona y el extraterrestre se marcha aburrido en su esfera de oro tras destruir cinco capitales mundiales. Así las cosas, los terrícolas envían a un grupo de héroes (cuya dinámica de grupo funciona de forma similar a la de los colegas de Doc Savage) en 3 naves espaciales hasta Siwha con la intención de lanzarles un ultimátum: estos 12 tíos piensan ofrecer un acuerdo de paz y comercio del oro terrestre con los siwhanos, y si no lo aceptan destruirán el planeta (what the fuck? benditos años 50). Una de las tripulaciones perece víctima de un arrebato suicida antes de llegar, otra casi se estrella, en fin…

A partir de aquí la novela coge un rumbo que recuerda muchísimo a “Una princesa de Marte” de Edgar Rice Burroughs (quizás el autor abandona el tono space opera imperante en la primera mitad de la novela por falta de comodidad o dominio, y a continuación abraza con ganas el sword & planet). Siwha es un planeta habitado por los siwhanos, unos gigantes dorados (que a mí me recordaron mucho a los Soberanos, los malos dorados de la peli Guardianes de la Galaxia Vol.2; cuya líder llamada Ayesha sin duda es una referencia que, hablando de Pulp, nos llevaría a hablar de Ella/She la mujer inmortal de H. Rider Haggard) que gozan de una cultura, arquitectura y costumbres similares a las del antiguo Imperio Romano (si los romanos hubiesen construido ciudades subterráneas de oro). El pueblo siwhano está dividido en dos facciones: una de ellas liderada por el sátrapa Simok II y la otra por Arta Rizzet, una reina humana que va a ser obligada a casarse con el sátrapa en contra de su voluntad para acabar con el bipartidismo. Arta y su hermano Alan son los descendientes de una pareja de lo que yo llamo “náufragos espaciales”, un par de científicos astronautas que se estrellaron y quedaron atrapados en Siwha décadas atrás. De cómo dos niños humanos llegaron al trono de un reino planetario alienígena no tengo ni idea, aunque recuerdo que en algún pasaje lo intenta explicar, así como el origen común de las razas humana y siwhana. El bando del sátrapa (vicioso, feo, enano, gordo y dorado) quiere invadir la Tierra, mientras que el lado dirigido por la hermosa Arta (reina o princesa según el capítulo, aunque siempre jamelgona) es aquel que quiere establecer un acuerdo comercial con los terrícolas para comprarles el continente de oro. Cada uno tendrá sus tiras y aflojas a lo largo de la trama: Arta protege a los terrícolas recién llegados mientras que el sátrapa busca afianzar su poder mediante una alianza con los zayahs, que son otra raza monstruosa del propio planeta Siwha (véase la portada) que por algún motivo desean que les sean sacrificados 3.000 siwhanos en su honor (como postre Carte d’Or), cosa que a Simok II le parece bien porque en esta novela el poder es algo muy shakesperiano.

A lo largo de la trama hay persecuciones, espionaje, robo de naves, aventuras varias y lo que yo llamo “la escena del coliseo” (un tropo muy repetido del Sword & Planet del que hablaremos tranquilamente en otra ocasión) que interrumpe de forma muy divertida los esponsales entre el malo y la joven princesa colocada. Con el planeta Siwha perdido en favor de los terrícolas y su esposa robada por un yankee, el antiguo sátrapa decide organizar un último ataque a la desesperada contra el planeta Tierra (como toda buena Space Opera, esto tiene que acabar con un combate entre naves espaciales; véase Star Wars). Finalmente los escuadrones siwhanos llegan a la Tierra y allí son derrotados por los pilotos humanos gracias a que actúan como viejos kamikazes. La acción vuelve a Siwha donde nuestros héroes son condenados a una digestión de más de mil años en el Cráter de la Muerte (el comedero de los zayahs) aunque consiguen escapar en el último momento. Duke Hawthorne acaba siendo nombrado oficialmente nuevo sátrapa de Siwha (aunque abdica en favor de su cuñado Alan) y Arta termina locamente enamorada de su gallardía terrestre y rudeza masculina.

LO PEOR:

  • La inocencia que destila la Tierra del 2367, que se parece mucho a como era el mundo en los años 50, o al menos a como lo veíamos desde la España de entonces.
  • Resulta imposible imaginarte a los protagonistas con una estética diferente a la de películas como Planeta Prohibido o los tebeos de Flash Gordon, aunque siempre tiene su gracia; es la época.
  • El protagonismo es demasiado coral. Me quedé con las ganas de saber más sobre Arta Rizzet o Duke Hawthorne y menos sobre el resto de coristas.
  • Como ya se ha visto en la reseña, a través del escrito resulta muy fácil descubrir cuáles son las influencias de donde el autor ha ido sacando ideas (con poco disimulo).

LO MEJOR:

  • En primer lugar, la gran capacidad del autor a la hora de emplear recursos como la narración partida, las escenas paralelas, el flashback o el cambio de puntos de vista y personajes. Salvando las distancias, me ha recordado a las cosas que hace (hace o hacía) George R. R. Martin en su Canción de Hielo y Fuego. Es la primera vez que encuentro algo parecido en un Pulp.
  • En segundo lugar, los nombres en este Pulp están francamente currados. Casi todos son nombres extranjeros (salvo los de los secundarios californianos), muchos de ellos mezcla de nombres rusos con otros norteamericanos (como el alias del propio autor), y todos bien escritos.
  • La lucha de gladiadores contra el monstruoso dinócero durante los fracasados esponsales de Arta (muy drogada, ojo) y Simok II, con su sorprendente giro final. Toda una corrida de toros espacial, con sus desmembramientos, sus máscaras rituales, su pozo de lava central y todo.
  • El “látigo neurónico”, el arma que lleva Duke Hawthorne. Consiste en un mango mecánico que proyecta una cola de energía que restalla en el aire y deja noqueados a los enemigos de tres en tres. Es la mezcla perfecta entre el látigo de Indiana Jones y un sable láser de Star Wars. Toma nota George Lucas.
  • Los zayahs, la monstruosa raza secundaria del planeta Siwha. Son una especie de shoggoths fascistas de colores que van del rosa al verde, cubiertos de innumerables ojos, bocas y tentáculos, con la capacidad de reptar y espirar gases venenosos. Por si todo esto fuera poco, se deleitan devorando carne humana y se comunican por trompeteos sobrenaturales.
  • Toda la trama puede ser muy divertida de adaptar y jugar a juegos de rol como La Marca Estelar o el Starfinder de próxima aparición.

EL VEREDICTO

The Pulp Hunter ha disfrutado mucho con el hallazgo y posterior lectura de “Pánico en los Espacios Siderales”, por lo que tiene el placer de concederle una puntuación de 4 antifaces sobre 5. Si el bueno de Karel Sterling es un autor de segunda línea dentro de Luchadores del Espacio, me encantará conocer a los de la primera división.

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