Misión Internacional

The Pulp Hunter

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The Pulp Hunter

Capítulo segundo: Misión Internacional

“Dentro de la casa que carecía de luz eléctrica una llamita temblorosa, procedente de un quinqué colocado encima de la mesa de una habitación situada al final del pasillo, dio el resplandor suficiente para alumbrar la silueta del que abría la puerta y se disponía a salir al exterior. Era una figura humana, pero sus contornos, su forma vacilante al andar, su torpeza o su aspecto macizo, le daba una semejanza con algún tipo de gorila o simio demasiado grande. Aun en la oscuridad en que ya estaba, una vez fuera de la casa, podían adivinarse unas manos grandes y peludas, brazos demasiado largos y un cráneo casi puntiagudo, que resbalaba hacia una frente deprimida, oscura y arrugada, con enormes arcos superciliares, bajo los que relucían, con apagado fulgor, unos ojos redondos…”

Díez Gómez – Misión Internacional

La tarde avanza lenta y calurosa mientras me acabo mi segundo destornillador virgen bajo los cálidos rayos de sol, que ahora se cuelan furtivos entre las persianas. Dicen que las críticas y opiniones que uno pueda tener siempre están sujetas a las expectativas que uno trae previamente consigo. Hoy vengo a hablaros de un Pulp patrio que me costó 20 céntimos en un callejón soleado de cierto mercadillo que no mencionaré aquí. Fue el primero que leí en toda mi vida, y no daba un duro por él así que quizás por eso me resultó tan endiabladamente divertido.

El libro que vamos a tratar es, como digo, un Pulp español titulado “Misión Internacional” escrito por Díez Gómez, publicado en 1953 por la Editorial Rollán, siendo el número 25 de su colección Proezas; colección que, según dicen los editores en la contraportada “comprende un nuevo género novelístico que ofrece emocionantes aventuras y realistas pasiones humanas, por autores de fama reconocida”. A continuación veremos si cumplen o no lo que prometen.

Bien, como se trata de un ejemplar bastante raro y difícil de encontrar, voy a tomarme la libertad de destripar gran parte de la trama para disfrutar de sus entresijos. Nuestro protagonista es Jack, un agente del servicio secreto británico que trabaja a las órdenes de un tal Lord Malcomb (sí, ya sé que esto huele a James Bond desde lejos). El asunto es que solo llaman a Jack para operaciones especiales y durante el primer capítulo su jefe se esmera en explicarle cómo “cierta nación” que nunca llega a mencionar (curiosamente siempre suena el teléfono cuando va a decir el nombre) pero que “ha sido responsable de dos Guerras Mundiales” sufrió una fuga de cerebros al acabar la última y ahora están desarrollando “superhombres” en suelo estadounidense. Yo no me podía creer lo que estaba leyendo, no paraba de hacer referencias veladas a la Operación Paperclip (de nuevo sin llamarla por su nombre), y durante páginas y páginas el autor pone en boca de Lord Malcomb las teorías más locas de Friedrich Nietzsche sobre el Übermensch.

Yo con este nivel de post-nazismo soterrado ya me daba por satisfecho (no paraba de fijarme en lo fino que hilaba el tal Díez Gómez a la hora de decir según qué cosas en la España del año 1953) y reconozco que los 20 céntimos que me costó pasaron a estar entre los mejor gastados de mi existencia, pero lo mejor estaba por venir.

Por hacer un resumen rápido: mandan a Jack a una fiesta en la embajada griega de Lisboa, se lía con una hermosa agente llamada Alice, aparece el Peligro Amarillo encarnado por Mister Ling que lleva un bastón con un compartimento secreto donde esconde una joya que necesita el malo para construir su máquina-de-crear-superhombres (una especie de microondas a lo Capitán América). Después hay una persecución hasta un avión y una pelea en pleno vuelo, el héroe se ve obligado a saltar en paracaídas tras vencer a los secuaces chinos y sus artes marciales, corre hasta un aserradero (a lo Twin Peaks) y allí se pelea con dos mendigos que al final resultan ser agentes del FBI encubiertos. A las pocas páginas hacen su aparición los gangsters de la mafia de Nueva York y Austin, su líder, que tiene su base de operaciones en los bajos de un afamado cabaret. Se descubre que los matones mafiosos de Austin son los encargados de surtir de cadáveres al malo de la historia, un auténtico mad doctor nazi prófugo al que llaman literalmente “el Médico Loco” que vive aislado en un caserón del lago Michigan con la única compañía de Taka, su guardaespaldas hombre-mono (mutante producto de un antiguo experimento fallido). ¿Y para qué quiere “el Médico Loco” cadáveres frescos? Para construir “superhombres” al más puro estilo Dr. Frankenstein. De nuevo hay más persecuciones entre coches de la mafia y un tren maderero, muchísimos tiroteos con los matones, una pelea a puñetazos entre el prota y el enorme hombre-mono, y finalmente se descubre que la chica es una espía doble medio nazi y que es la hija del consabido mad doctor.

Evidentemente me la leí en una tarde y me sobró tiempo para repasar las mejores partes. Hay que reconocer que la narración y el estilo de la época son un trago que hay que pasar, pero es un detalle que se le perdona cuando se compara con el contenido. Huelga decir que, a título personal, me voló la cabeza de tal manera que quedé completamente enganchado a estas novelitas de papel viejo. Además no me importa reconocer que en su día fusilé completamente su alocado argumento para jugar no pocas partidas al juego de rol de temática Pulp titulado Hollow Earth Expedition, del que ya hablé en otro artículo de esta misma web. Sirvan estas líneas como mi último homenaje a José María Díez Gómez, autor del que no he podido encontrar demasiada información, salvo que alcanzó cierta fama como autor de bolsilibros de las colecciones Scotland Yard, Black Boy, y las de género western Alce Blanco, Alce Bill, Billy Colt y Black Boy. Incluso en 1950 trató el terror marciano en la novela de ciencia ficción titulada “Los Platillos Volantes”.

LO PEOR:

  • Lo deslavazado de la trama en ocasiones. Muchas cosas ocurren porque sí, pero te acabas riendo de las ocurrencias.
  • El tono del texto y el estilo narrativo de los años 50 del pasado siglo XX.

LO MEJOR:

  • Los personajes, sin duda. Jack sería James Bond si lo hubiese interpretado Errol Flynn. “El Médico Loco” y Taka el hombre-mono parecen sacados de un cómic de Hellboy. Austin, el mafioso cabaretero y la pareja cómica de The FBI-Hobos conforman un grupo de secundarios de lujo que darían para una sitcom. Alice, la espía doble hija de un nazi parece salida de Indiana Jones (aunque el final no le hace justicia, lástima que sufra los cánones femeninos de la época).
  • El ansia de viajar a destinos lejanos que destila el autor (dudo que el pobre llegase ni siquiera a Lisboa…) y su manejo de los clichés locales.
  • Las escenas de acción por su dinamismo y variedad: El robo de la joya con los chinos en el avión, la pelea a puñetazos con el hombre-mono subido en el estribo de un cadillac conducido por “el Médico Loco”, las persecuciones y tiroteos con los gánsteres…

EL VEREDICTO

Merecidos o no, The Pulp Hunter otorga con mucho cariño a “Misión Internacional” una puntuación de 4 antifaces sobre 5.

 

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