Teletipo

El robo de la cámara

El corredor se mantenía apenas iluminado con las luces de emergencia. La rejilla metálica chirrió levemente bajo las botas de comando mientras Prr’yat avanzaba encorvado. La luz roja se reflejaba en su piel correosa y en sus ojos dándole un aspecto demoníaco mientras avanzaba hacia su objetivo. La puerta de servicio, una válvula hermética en forma de iris, no se resistió ante su manipulación y se abrió completamente con una vaharada de aire limpio. La vía a los corredores interiores de la estación estaba abierta. Prr’yat utilizó el comunicador para llamar a sus hermanos. Cerró la válvula a su espalda mientras y dejó en el suelo frente a él dos pequeños robot araña que avanzaron por el corredor transmitiéndole audio y video de más allá del recodo del pasillo.

Esperó.

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Rubén Astudillo

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Un contacto. Uno de los robots araña había captado una imagen termográfica que transmitió al visor de Prr’yat. Un tripulante, carne blanda, armado con un arma de cinto. Seguramente seguridad de la base. Su firme disciplina le obligó a permanecer en su posición en lugar de acabar con el carne-blanda. Llegaría su momento, esta no era una misión de búsqueda y destrucción, el objetivo era más importante. Dos luces rojas se iluminaron en el lateral del visor, sus hermanos habían llegado.

Los tres comandos avanzaron en silencio por el corredor precedidos por los robots araña. Los informes preliminares eran correctos, este sector apenas tenía tráfico, los pocos tripulantes que
encontraron fueron fácilmente evitados. Alcanzarían el objetivo sin que los estúpidos carne-blanda se percataran de nada. Atravesaron corredor tras corredor hasta alcanzar el complejo médico. Ahora las cosas se pondrían interesantes.
Dentro del complejo los robots araña detectaron seis firmas termográficas. Por su posición relativa Prr’yat llegó a la conclusión de que cuatro de ellas pertenecían a enfermos o convalecientes y otras dos a personal sanitario. Sería más fácil de lo esperado. Dio instrucciones a sus hermanos: Grr’aal y Prr’atall se ocuparían de desmontar la cámara y prepararla para transporte mientras él se encargaba de los sanitarios.
Prr’yat abrió la puerta de la enfermería y entró como una exhalación. El primero de los sanitarios murió degollado mientras el comando se ocupaba del segundo con un disparo que le atravesó la cuenca ocular y convirtió su cerebro en una masa hirviente. Mientras tanto Grr’aal y Prr’atall tenían desmontados los anclajes de la cámara y la estaban cargando sobre los soportes anti-gravedad para su transporte. Primer fallo de la operación. Tres minutos no era un tiempo aceptable, en cualquier momento saltarían las alarmas. Cuatro minutos y estaban saliendo al corredor principal.
Dos nuevos robots araña cubrían la retaguardia mientras Prr’yat avanzaba por el corredor y sus hermanos arrastraban la cámara. Sin incidentes. Atravesaron la válvula iris hacia el corredor de mantenimiento. Sin alarmas. Alcanzaron el punto donde habían hecho su propio punto de amarre atravesando el casco de la estación y entraron en la pequeña nave de infiltración. Mientras Prr’yat arrancaba los motores de la nave Grr’aal y Prr’atall aseguraron la cámara en la zona de carga. La misión había sido casi perfecta.
O no.
La sonda que habían introducido en el sistema de la estación captó una señal de alarma. Habían detectado la señal de la nave al encender los motores y se habían activado las defensas de intercepción.
Prr’yat activó los escudos al máximo, transfirió toda la energía de los sistemas de armamento a los motores para sobrecargarlos. El campo de camuflaje fluctuó brevemente mientras se reajustaba el flujo de energía mostrando una estilizada nave de color negro que enseguida desapareció de la vista al reactivarse el camuflaje. Voló el umbilical que le unía a la estación con una carga explosiva mientras los motores impulsaban a máxima potencia la pequeña nave. Sabía que a los ordenadores de tiro les costaría fijar el blanco pero podrían cazarles por saturación de fuego por lo que lo mejor sería alejarse todo lo rápido que fuesen capaces. Varios impactos sacudieron la nave mientras se alejaba de la estación, sin embargo los escudos aguantaron y los daños eran despreciables. La misión había sido un éxito, la cámara era suya.

Rubén Astudillo
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4 comentarios en El robo de la cámara

  1. Muy interesante el concepto de aventuras fractales. Ya había leído sobre ello, pero creo que es la primera aventura completa que leo desarrollada de ese modo y tengo que reconocer que, aunque no es mi estilo de escritura, me ha sorprendido y me ha gustado mucho.
    Un trabajo muy guapo 🙂

  2. A ver, a ver… ¿Aventuras Fractales? ¿Qué es eso?

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