Héroes generacionales o generaciones de héroes

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Rubén Astudillo

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Llevo muchos años leyendo cómics de superhéroes. Muchos. Hace años los devoraba, compraba decenas al mes y estaba al tanto de todo lo que sucedía aunque fuera en series que no seguía. Y eso antes de la era de Internet era bastante más arduo. Con el paso del tiempo compro y leo mucho menos cómic “de pijamas”.

¿ Por qué?

Algunos dirían que no se hacen cómics como los de los ochenta. Y tendrían razón. La misma que los que dicen que ya no se hacen cómics como los de los sesenta, o cómo cualquier otro momento. Eso es efecto de la nostalgia y de que los cómics que lees, la música que escuchas o las películas que ves en cierto momento de tu vida siempre son los mejores. No no es eso.

¿ Son peores los guionistas? Tampoco. Como siempre hay de todo, algunos buenos y otros no tanto.
Podríamos seguir disertando sobre ello pero no creo que llegásemos a ningún consenso y yo tampoco me las doy de experto cómo para dar clases magistrales.

En concreto el problema que tengo yo es la atemporalidad.

 

Mismo personaje…
…y claramente misma época

Un elemento importante de un personaje es su entorno, cómo se adapta o no a él. Y los personajes de los cómics de superhéroes viven en una burbuja atemporal donde el tiempo no pasa, donde  nada cambia pase lo que pase con su entorno. Superman comenzó su carrera luchando contra mafiosos con Tommy Guns y ahora se convierte en periodista digital. Han pasado setenta años en el mundo real, este cambio se ha reflejado en el mundo en el que se mueven los personajes pero estos mismos no han cambiado, no han acusado el paso del tiempo, llevan setenta años siendo iguales. Y no es cosa de DC y sus eternas crisis y ataques contra la continuidad, su gran rival está aquejada del mismo problema: Los 4F viajaron en cohete antes que Aldrin y compañía y no han cambiado un ápice desde entonces, Namor vivió la segunda guerra mundial sin tratamiento rejuvenecedor, Punisher sirvió en la guerra de Vietnam…

Incoherencias.

Aún recuerdo un cómic de La Patrulla X en la que mencionaban un hecho ocurrido unos quince años antes en el mundo real como sucedido “hace unos meses” Meses en los que algunos personajes habían abandonado el aire setentero por una estética más moderna, habían salvado incontables veces el mundo, viajado de uno a otro confín… en “unos meses”.

Tenemos personajes que no envejecen, hijos que no crecen o lo hacen “a saltos”, ahijados que acaban por tener la misma edad de su mentor, eternos adolescentes… Un status quo que no se rompe nunca, o que cuando hay un tímido intento de romperlo rápidamente se “soluciona” para que nada cambie.

Este inmovilismo, este estancamiento hace que cuando llevas unos años leyendo cómics las tramas ya huelan mal, a pasado.

Esto es un fenómeno que puede evitarse, que en algunos cómics se evita de una forma muy natural: los héroes generacionales.

El Phantom clásico

Para explicar a qué me refiero con héroe generacional voy a usar el ejemplo del primer personaje en el que vi este tratamiento: The Phantom o El Hombre Enmascarado en la traducción española.

Y el Phantom del futuro

La historia comienza cuando un mercante inglés es atacado en aguas del pacífico por piratas Singh. El hijo del capitán del navío logra sobrevivir y realiza un solemne juramento de defender la paz y perseguir el mal que no sólo le compromete a él si no también a sus descendientes. Así se inicia una estirpe de luchadores contra el crimen que usando una ropa y armamento similar lucha a lo largo de generaciones. Cada Fantasma tenía la obligación de dejar descendencia y preparar a su sucesor parta suplir su puesto. De esta forma se creó la leyenda de qué el Fantasma no podía morir.

Al inicio de la serie en 1936 se centró la historia en el vigésimo primer Fantasma pero se narraban historias protagonizadas por alguno de sus antepasados.

Posteriormente se ha recuperado el personaje en épocas posteriores empleando a un descendiente del Fantasma en la época actual o incluso en el futuro. Esto permite perpetuar el rico legado del personaje pero manteniéndolo actualizado y acorde a los tiempos. Es un personaje que envejece, que se casa y tiene descendencia, unos hijos que crecen y que le sirven cómo ayudantes para adquirir la destreza que les permita ocupar su lugar cuando decida retirarse. Es un personaje vivo.

En el comic de superhéroes más “convencional” nos encontramos casos que sí bien podrían asemejarse en concepto acaban por quedar estancados, ejemplo: Batman.

Batman y “los Robins”
Un Batman diferente

Batman, como Phantom bebe de la misma fuente de los pulp y cómo este toma un pupilo para adiestrarle. Toma a Dick Grayson bajo su tutela, le entrena y le convierte en Robin. Vemos a Robin madurar, hacerse adulto hasta que renuncia a ser el ayudante de Batman y se convierte en Nigthwing. Ahora tenemos dos personajes adultos, de edad aparente muy similar, uno ha crecido, el otro no. Y Batman toma un nuevo Robin que tras muchas historias que no voy a relatar acaba por convertirse en Capucha Roja, otro adulto. Y  hay un tercer Robin que crece para convertirse en Red Robin. Y tenemos un cuarto Robin, en este caso Damian Wayne, que no dudamos en que se hará un adulto mientras Batman y sus antecesores en el puesto de Robin tendrán eternamente la misma edad.

Y todo siempre sigue igual. Batman no cambia ni evoluciona. Han perdido grandes oportunidades para retirar a Bruce Wayne y ceder el manto del murciélago a otro personaje de forma qué no haya que tocar constantemente la continuidad para explicar por qué no pasa el tiempo.
Hay que reseñar una pequeña excepción con Batman Beyond, una serie ambientada en  un futuro donde Bruce Wayne hace de mentor de un joven Terry McGinnis. Pero no se trata de una serie “canónica” del personaje.

Tres centinelas, tres trajes

En el juego de rol La mirada del centinela hemos podido ver una más qué correcta aproximación al paradigma del héroe eterno/generacional en la figura del Centinela. El Centinela es la figura sobre la que pivota toda la ambientación del juego: un humano soberbiamente preparado y equipado con la última tecnología que lucha en solitario contra el crimen en la ciudad de Betlam desde principios del siglo XX. Es claramente un trasunto de Batman pero limando lo que considero el peor error de este cómo he comentado antes: El Centinela no existe, o más correcto sería decir qué tras la máscara del Centinela no hay una persona sí no una organización que proporciona la logística, la información y el entrenamiento a las diversas personas que han vestido el uniforme blindado que le distingue. Varias personas han llevado la máscara, algunos se han retirado, otros han muerto pero el personaje, el icono permanece. Nadie sabe que no se trata de una única persona y ha crecido la leyenda de la inmortalidad del vigilante de Betlam. Esto permite adaptar el personaje a distintas épocas, a distintas eras del cómic sin traicionar el personaje y manteniendo una coherencia.

¿Realmente es tan importante la persona que se esconde tras la máscara?

 

Este artículo lo publiqué originalmente el 10 de enero de 2013 en el blog Mundo de Héroes y la cosa no ha mejorado desde entonces…

Rubén Astudillo
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