El nacimiento del Dragón de las Sombras

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Rubén Astudillo

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La historia del Dragón de las Sombras comienza en el año 200 AC al norte de China.

Mediada la tarde un pastor de la etnia yurchen vigilaba su pequeño rebaño cuando vio caer algo del cielo, un gran dragón de fuego se precipitó desde las alturas hacia el suelo y golpeó con tremendo estrépito. El pastor corrió sin cesar hasta llegar al poblado y excitado habló con el shaman. Algo terrible había pasado: uno de los dragones celestiales había perecido y caído a la tierra.

El shaman, acompañado de un grupo de hombres y el aterrado pastor se acercaron al lugar: un inmenso cráter en el suelo de la estepa. Para su alivio comprobaron que el dragón ya no estaba allí, no debía estar herido de gravedad y había vuelto a ascender a los cielos que le pertenecían. Sin embargo, como prueba de su herida había dejado su sangre en el cráter. Su sangre había fluido y caído sobre una roca del tamaño de la cabeza de un hombre adulto. La sangre del dragón la había convertido en algo que jamás habían visto estos sencillos hombres, se había vuelto terriblemente dura y negra como la noche mas oscura. Con suma reverencia el shaman extrajo la roca y la envolvió en pieles para no mancillarla con sus manos. La llevaron al poblado y la alojaron en la casa del shaman como un objeto bendito de los cielos.

Allí permaneció durante cincuenta años siendo reverenciada por los miembros del clan como un objeto sagrado, la propia esencia del dragón celestial materializada. Una aciaga tarde un grupo de soldados pasaron la noche en el poblado. Todo parecía indicar que los soldados pasarían de largo sin causar problemas pero el alcohol y la lujuria fueron demasiado fuertes y los soldados atacaron a las mujeres del poblado. Ante un grupo de veteranos armados nada podía hacer un grupo de pastores, los que se atrevieron a protestar fueron degollados, los demás fueron obligados a mirar como sus hermanas e hijas eran violadas. Uno de los soldados, saciada ya su lujuria, buscaba objetos de valor en la casa del shaman cuando vio la piedra. Inmediatamente advirtió que se trataba de un objeto poderoso y alargó su mano para tocarla. Una descarga de energía sacudió su cuerpo matándole entre horribles gritos que alertaron a todos sus compañeros, quienes asistieron a la transformación de un robusto y fuerte hombre en una masa irreconocible de carne calcinada. La reacción de los soldados no se hizo esperar, en venganza acabaron con todos los habitantes del poblado y prendieron fuego a todas las casas.

Cuando Liu, un joven pastor volvió a su pueblo se encontró las casas quemadas, cuerpos desmembrados y campos arrasados. Entre lágrimas pudo ver la cabaña del shaman, quemada hasta los cimientos pero con el pequeño altar de madera y cuero intacto en su centro, con la piedra celestial sobre ella. Se acercó temeroso a la reverenciada roca y alargó su mano hacia ella. Al tocarla una avalancha de imágenes se volcaron en su cabeza, la roca estaba viva, la esencia del dragón celeste la había animado y le estaba hablando, le decía qué tenía que hacer y como hacerlo. Tomó la piedra en sus manos, era mucho mas liviana de lo que había imaginado y la envolvió en un gran retazo de tela que empleó para cargarla a la espalda como si fuera un hatillo. No llevó nada más con él, los asaltantes nada mas habían dejado salvo muerte.

Viajó durante días sin saber dónde se dirigía pero con una dirección claramente grabada en su mente: Sur.

Su vagabundeo le llevó hasta un puesto fronterizo donde comenzó a buscar trabajo. La roca, que no había dejado de hablarle le enviaba imágenes de aquellos que habían masacrado a su gente. Y los vio en el poblado que rodeaba el fortín. Todos y cada uno de aquellos soldados pertenecían a este puesto.

Comenzó a trabajar como aprendiz de herrero, era un hombre fuerte y la necesidad de venganza le animaba. Trabajaba a cambio de cama y comida, aprendiendo los trucos del oficio. Pasaron las semanas y observaba a los soldados, como jugaban en las tabernas, como perseguían a las jóvenes o incluso como cuidaban de sus familias. El odio siguió creciendo en él.

mascaraLlegó el momento que había estado esperando, aquella noche el dragón celestial pasaría sobre la aldea y era la oportunidad perfecta de hacer aquello que le pedía la roca. En plena noche encendió los hornos y preparó las herramientas de la herrería. Para que su venganza fuera completa había de transformar la roca manteniendo su esencia, las instrucciones estaban claras en su mente, sus manos eran hábiles y sus brazos fuertes. El herrero no molestaría, nunca mas despertaría, el pesado mazo había abierto su cabeza mientras dormía. Trabajó toda la noche, la sangre de dragón no es fácil de moldear, pero con la ayuda del dragón celeste que voló sobre
el pueblo fue capaz de cortar y dar forma a la roca. El alba le sorprendió con una máscara de metal negro en las manos, observó la salida del sol y se colocó la máscara.

Las llamas de los edificios ardiendo hacían brillar su cuerpo sudoroso pero no se reflejaban en la oscuridad de la máscara que cubría su rostro. Comenzó a caminar saliendo del puesto fronterizo, caminando hacia el sur sobre los cadáveres de civiles y soldados. El puesto había tenido una población de mas de doscientas personas. Ahora el último de ellos caminaba hacia el sur, cubierto de sangre, ninguna de la cual era suya.

Había nacido Long Yingzi, el Dragón de las Sombras.

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