Consecuencias

Una aventura de Jonny Battery

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Juan Andújar Molina

Juan Andújar Molina

Pues poco puedo decir de mi, me gusta el rol, leer, los videojuegos y muchas cosas más.
Y cómo no tengo bastante con la falta de tiempo que ya tengo de por sí sólo con vivir, pues me meto a hacer cosas para esta gente.
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Susan Summers estaba tendida en el suelo, pero aún tenía la pistola en la mano. Debajo de ella había un pequeño reguero de sangre que se seguía extendiendo y formando un charco cada vez más grande; desde un poco más arriba la sangre corría desde su origen.

Era el dolor más intenso que había sentido nunca, la pierna le ardía y le subía hasta la espalda; y aunque parecía que no podía doler más, cada vez que se movía lo más mínimo una punzada insoportable le recorría todo el cuerpo. Era la primera vez que Jonny recibía un tiro, y si de algo estaba seguro era de que no quería volver a repetir la experiencia. Aún así tenía algo que hacer y por mucho que le doliese no iba a detenerse, comenzó a avanzar arrastrando la pierna herida cuando oyó detrás suya la voz de Tom que le pedía que se detuviese.

—Estate quieto Jonny, joder, te vas a desangrar. De verdad que no me lo puedo creer, mierda; Summers estaba cabreada contigo, pero ¿tanto como para dispararte?

Tom tenía una expresión de perplejidad que hacía aún más evidente con sus palabras, mientras hacía jirones su camisa y se agachaba junto a Jonny para hacerle un torniquete en la pierna. Cuando apretó, Jonny estuvo a punto de soltar un grito debido al dolor, pero se aguantó, aunque la sonrisa socarrona de Tom hizo evidente que no le había pasado inadvertido. Tom tiró la colilla que llevaba en la boca y se encendió otro cigarro que quedó teñido de rojo por la sangre que manchaba sus manos, aunque pareció no notarlos; se agachó junto a Susan y le tomó el pulso.

—Está viva, vete a saber qué cojones la ha dejado ko.

—Una descarga eléctrica. —Aclaró Jonny con la voz entrecortada—. Cuando me ha disparado le ha dado a algunos cables y le ha soltado una descarga. Tranquilo, los sistemas de seguridad del traje han cortado la corriente a la pierna. —Aclaró al ver el gesto de Tom.

Jonny se volvió de nuevo hacia el edificio, tenía que detener a Gus Phillips porque, de alguna forma, sabía que él tenía algo que ver con el comportamiento de Susan.

— ¿A dónde vas Jonny? Estás herido, apenas puedes andar. —Pero Jonny ignoró las palabras de Tom y entró en el edificio.

Frente a él había unas escaleras con un par de personas tiradas en los escalones, no sabía si muertas o demasiado colocadas como para siquiera sentirse incómodas por el lugar en el que estaban tumbadas. Un hedor a rancio inundaba el lugar, totalmente descuidado, con las paredes desconchadas y el suelo lleno de basura. No tenía ni idea de dónde podría estar la persona a la que buscaba, pero iría puerta por puerta si era necesario. Se apoyó en ambos pasamanos y comenzó a subir intentando cargar lo menos posible la pierna herida, pero aún así el dolor era constante y no sabía si podría aguantarlo.

Estaba a punto de alcanzar el primer piso cuando sintió que algo le agarraba la pierna: uno de los yonkis que había ahí tirado. Intentó zarandearlo, pero se había agarrado con fuerza y en lugar de soltarse empezó a subir arrastrándose hacia él. El grito de Jonny resonó en todo el edificio, ese maldito yonki le había metido un dedo en el agujero de la pierna. Jonny cayó al suelo, incapaz de sostenerse debido al dolor, todo le empezó a dar vueltas y la vista se le emborronó. Casi sin saber lo que hacía cargó el puño de electroshock y apuntó hacia abajo, o al menos lo que creía que era hacia abajo, donde debía estar ese cabrón; soltó la descarga y varios escalones crujieron partiéndose en dos, pero no había atinado en dar a su objetivo. El dolor era cada vez más intenso y se sentía desvanecer; siguió a tientas la mano que tenía agarrada a la pierna y descargó otro golpe; esta vez el sonido fue el del hueso al romperse junto con los alaridos de dolor del yonki que cayó rodando escaleras abajo.

Jonny respiró profundamente durante un momento, intentando recuperar las fuerzas y la visión, esforzándose por ignorar el dolor de la pierna. A duras penas volvió a levantarse y continuó subiendo. El rellano del primer piso no distaba mucho de lo que ya había visto, todo lleno de basura, humedades en las paredes, pintadas y desconchones en el techo. Había dos viviendas, una frente a la otra, además de la escalera por la que acababa de subir y la que llevaba a la segunda planta. La puerta de la izquierda estaba abierta; Jonny se apoyó en el quicio para intentar escuchar lo que sucedía en el interior de la vivienda y de paso descansar un poco, pero no había ningún sonido en absoluto, o él no pudo oírlo. Entró y recorrió con todo el cuidado que pudo el piso lleno de basura, colillas, jeringas usadas, latas de cervezas vacías y toda clase restos; pero no encontró a nadie.

El piso de enfrente tenía la puerta cerrada, no se lo pensó dos veces y soltó una descarga justo en la cerradura y entró. Al fondo del pasillo una niña se agarraba a la pierna de su madre, mientras ambas miraban atónitas al tipo con traje que acababa de destrozar la puerta de su casa. De repente la mirada mezcla de sorpresa y miedo desapareció de la cara de la niña para tornarse en una expresión de desafío, soltó a su madre y salió corriendo hacia Jonny, evitando el intento de de la mujer de agarrarla, y se lanzó contra su pierna herida; daba la sensación de que supiese exactamente lo que estaba haciendo, como si la niña hubiese estudiado dónde tenía que atacar. Jonny cayó al suelo debido al dolor, mientras la niña le golpeaba una y otra vez, unos golpes que en una situación normal no habría apenas sentido, pero que ahora lo estaban destrozando.

La madre salió corriendo en su dirección e intentó agarrar a su hija, pero la niña parecía estar poseída por una fuerza terrible. Sin pensarlo mucho Jonny volvió a cargar su puño y atinó un golpe contra la niña, lanzándola contra la pared y dejándola inconsciente, mientras su madre lo maldecía él volvía a cargar y lanzó otro golpe contra la mujer, que cayó al suelo sin sentido. Cogió aire una vez más, intentó ignorar de nuevo el dolor y a duras penas se volvió a poner en pie; en esa casa tampoco estaba el chico al que buscaba, pero sabía que estaba cerca.

Salió de la casa y encaró la escalera que subía al segundo piso, pero en lugar del camino despejado que esperaba se encontró con un tipo fuerte y corpulento que lo observaba con una sonrisa socarrona. «Eres duro Jonny, lo admito, pero tú eres sólo uno y yo tengo a todo el mundo a mi disposición.» Y sin decir nada más soltó un derechazo en la cara de Jonny, que cayó al suelo con un pitido en los oídos y la vista nublada. Intentó ponerse de pié una vez más, pero estaba demasiado agotado, el dolor de la pierna era cada vez más intenso y a él se sumaban ya muchos golpes; se arrastró hasta aquel mastodonte para enfrentarse a él, no estaba ya seguro de cómo, pero la inercia de seguir adelante le hacía seguir luchando.

Sintió una presión en el cuello y se sintió volar, elevarse, cuando vio frente a él la cara de su contrincante, que lo seguía mirando con esa sonrisa en la cara, con unos ojos vacíos que le hicieron recordar a la Susan de hace un momento o a aquella niña, y entonces lo comprendió, no lograba entender cómo y no era capaz de hilar sus pensamientos debido a todo el dolor, pero sabía que esos ojos eran los de ese chico, Gus Phillips. La presión en su cuello empezó a aumentar y cada vez le costaba más respirar, pero alcanzó a decir con un hilo de voz que apenas pudo oír, pero al parecer sí llegó «Venga Gus, sólo quiero charlar contigo.»

La cara del tipo cambió de repente y lo soltó dejándolo caer al suelo. Jonny se retorció en el suelo, dirigió la pierna que aún le quedaba entera y activó los impulsores. El tipo salió disparado escaleras arriba e impactó contra la pared con tal fuerza que la atravesó. Jonny se cubrió la cabeza con los brazos intentando protegerse, se vio arrastrado a lo largo del suelo hasta llegar a la pared que tenía detrás, al notar el contacto arqueó la espalda para intentar que la cabeza recibiese el menor daño posible, pero eso hizo que subiese por la pared hasta impactar contra el techo. La inercia cesó con ese último impacto y Jonny cayó de sopetón contra el suelo, mientras trozos del techo le caían encima.

Unos pasos acelerados se escuchaban a lo lejos, con un eco extraño, y de repente se detuvieron, una voz que sonaba extraña y como si viniese de otro lugar le preguntaba si estaba bien. Algo le hizo girar sobre sí mismo y la cara borrosa y distorsionada de Tom Talts le decía algo que no podía entender mientras lo sacudía y de repente todo el dolor desapareció.

Era la segunda vez que despertaba en aquella habitación, pero ahora además le dolía todo el cuerpo, sentía todo entumecido y cada movimiento intensificaba el dolor. En el sillón frente a la cama había alguien sentado leyendo el periódico, Jonny intentó incorporarse para ver de quien se trataba, pero el gesto le hizo soltar un quejido de dolor y le obligó a desistir. El hombre cerró el periódico y lo dejó en el reposabrazos del sillón, se levantó y se dirigió a Jonny con una sonrisa una tanto forzada, que indicó a Jonny que le preocupaba su situación.

—Señor Battery, por fin despierta. — Dijo Terry Vimes acercándose a la cama y sentándose junto a él, la presión que ejerció al posarse en el colchón hizo que Jonny emitiese otra queja, ante la que Vimes se disculpó instantáneamente.

—¿Cómo he llegado hasta aquí? —La voz de Jonny sonó seca y sin apenas fuerza, notó la garganta áspera, como si llevase días sin beber.

—Puse a mis hombres a observarle, cuando cayó inconsciente lo trajeron hasta aquí, aunque su amigo el periodista se opuso; pero creo que le conviene que su identidad quede en conocimiento del menor número de personas posible.

Entonces Jonny comenzó a recordar todo lo que había pasado como si hiciese sólo un instante, el disparo, Susan, la madre y su hija, todo el dolor, la voz de Tom, Gus Phillips.

—Joder, no pude ni siquiera ver al chico, es… —Jonny dudó un momento sobre lo que iba a decir—… ese chico controlaba a la gente, de alguna manera se metía en sus cabezas, fue él quien me disparó, no Susan.

—Correcto, siento no haberle avisado de sus, ¿cómo decirlo? Poderes. —Aunque ni la expresión ni el tono de Vimes mostraban ningún signo de arrepentimiento—. Aunque creo que le puede alegrar saber que su amiga la agente Summers impidió que el señor Phillips le matase, puedo asegurarle que si ella no hubiese opuesto resistencia el disparo habría sido en la cabeza.

—¿Dónde está ella, y Tom, están bien? —De repente Jonny comenzó a preocuparse por ellos, al fin y al cabo casi podía considerarlos sus amigos.

—Sí, ambos están perfectamente. De todas formas, no se preocupe, descanse, le traeré algo de comer; y cuando se encuentre algo mejor me gustaría hablar con usted de negocios.

—¿Qué ha pasado con el chico?

—No se preocupe por eso, ya no será un problema.

—¿Está…? —Jonny no fue capaz de decir «muerto», pero estaba casi seguro de que Vimes lo había mandado asesinar, ¿porqué si no iba a estar tan tranquilo con el asunto?

—No, simplemente ha abandonado la ciudad, y dudo mucho que vaya a volver; así que ya no es nuestro problema.

Vimes se levantó, haciendo que el dolor volviese por un segundo, pero esta vez se limitó a ignorarlo; salió de la habitación para volver con una bandeja con algo de comida, se la dejó a Jonny en la cama y volvió a salir dejándolo sólo. Comenzó a comer casi sin prestar atención mientras intentaba hacer un repaso de lo que había pasado: Terry Vimes le había pedido que se encargase de un chaval a cambio de no desvelar a nadie quién era la persona tras Jonny Battery, apenas le había dado información sobre el chico, pero Jonny había temido tanto que alguien más lo descubriese su identidad que no había pensado, sólo había actuado para intentar proteger su secreto. Al llegar a donde Tom le había indicado todo se había torcido, Susan apareció y, en algún momento, Gus la había controlado y le había pegado un tiro en la pierna, a partir de ahí todo fue caos, sólo pensaba en seguir adelante y atraparlo, hasta que no pudo más. Jonny era consciente de que era una persona impulsiva, pero ahí se había pasado, y ahora le dolía todo, por no mencionar que la situación con Susan estaba demasiado jodida. Y para rematar estaba otra vez en casa de Vimes, sin saber qué había pasado mientras había estado inconsciente y encima quería hablar de negocios, a pesar de que Gus Phillips había huído de la ciudad. No se explicaba porqué, pero Terry Vimes tenía algo que le hacía querer ayudarle, no era sólo lo que sabía de él, era algo más; quizá Vimes también tuviese algún tipo de poder mental como Gus Phillips, fuese lo que fuese no debía fiarse de él.

La puerta se abrió sacando a Jonny de sus pensamientos, había terminado de comer sin siquiera darse cuenta, Vimes apuntó el buen apetito de Jonny y dejó la bandeja en un carrito de servicio que había traído, le ofreció un cuenco con helado, que Jonny devoró como si fuese la primera vez que lo probaba y el candidato a alcalde se sentó en el sillón, apoyó los codos en sus rodillas mientras cruzaba las manos y se echaba hacia adelante, como pensando cuál era la mejor forma de decir lo que se disponía a decir.

—Verás Jonny —El tono que usó era cordial y de una amistosidad extraña, como si no le saliese de forma natural— como ya sabrás esta ciudad no es precisamente la más pacífica del mundo, siempre están apareciendo chiflados que de alguna forma han conseguido tecnologías que usan para hacer el mal, como si la vida fuese un cómic o una novela, y precisamente yo, como candidato a alcalde, he sido víctima de varios ataques, todos ellos infructuosos por fortuna. Pero cada vez la cosa está peor, en estos días que has estado inconsciente ha habido algunos intentos de asesinato, tanto contra mí como contra la alcaldesa Lloyd, y estoy realmente preocupado. Está claro que los métodos de seguridad tradicionales no funcionan, por eso recurro a ti.

—Espera.—Interrumpió Jonny —. ¿Me quieres contratar como guardaespaldas?

—Sí, algo así. Si estás dispuesto, te pagaría muy generosamente, por supuesto. Y como empleado mío tendrías a tu disposición todos los recursos que necesites. —Vimes señaló la cama en la que Jonny se encontraba.

Jonny no respondió, se mantuvo en silencio observando a Vimes, mirándole directamente a los ojos, que le mantuvo la mirada y permaneció también en silencio como dándole tiempo para pensar. Si bien no le hacía gracia la idea de trabajar para él, sí que podría sacar beneficio de las situación en la que estaba, de hecho los médicos de Vimes ya le habían visto la cara y quizá alguna vez más necesitase atención; y también estaría en una situación privilegiada para observar los movimientos de Vimes más de cerca, si había algo que ocultaba, podría descubrirlo más fácilmente trabajando para él.

—De acuerdo. —Respondió tras unos minutos. Vimes se puso en pie sonriendo y dio una palmada a modo de celebración.

—Estupendo. Por supuesto, te daré tiempo para que te recuperes, entiendo que con tus heridas no estarás en condiciones para un trabajo de estas características. De hecho, había pensado que empezases el mes que viene; estoy invitado a una fiesta en casa de la alcaldesa y, aunque sé que no escatimará en seguridad, ya te he dicho que no me fío.

Sacó del carrito algo de ropa y la puso en el pie de la cama. —Aquí tienes algo para vestirte, tu traje está en esa caja.

— Dijo señalando una caja que había junto a la puerta—. Puedes hacer lo que quieras, si quieres pasar aquí un tiempo mientras te recuperas, como si estuvieses en tu casa, si prefieres marcharte eres libre de hacer, pero en ese caso —dijo dejando una tarjeta sobre la ropa— llámame cuando te encuentres con fuerzas, habrá que organizarse. Bueno, te dejo sólo.

Vimes salió de la habitación llevándose el carrito. Jonny cogió la tarjeta y la miró pensativo, la dejó a un lado y se desnudó, tenía todo el cuerpo lleno de moratones y una venda cubriéndole la herida de la pierna. Cogió la ropa que le había dejado Vimes, un vestido azul claro, y encima ahora le hablaba de “tú”. Cogió la caja con su traje y la tarjeta y se marchó.

Habían pasado unas tres semanas y la pierna de Jonny ya estaba prácticamente curada, su cuerpo se había recuperado por completo y había dedicado todo su tiempo a hacerse un par de trajes nuevos; a uno de ellos le puso placas de metal en todos los lugares que pudo sin reducir la movilidad, aunque el aumento de peso iba a hacer que le costase más moverlo, pero ya encontraría una forma de compensarlo; por ahora lo importante era intentar evitar otra herida de bala. Miró su pierna y palpó la cicatriz, llevaba sin saber de Susan y Tom desde aquel día, ellos no lo habían llamado y él no se había sentido preparado, pero tenía que hablar al menos con Susan, debía arreglar las cosas con ella.

Se sentó junto al teléfono y marcó, un par de tonos después la voz de Susan respondió.

—Agente Summers.

—Hola Susan.

El silencio duró lo que parecieron varios minutos, ni siquiera se llegaba a oír la respiración de Susan al otro lado.

—Hola Jonny —la voz de Susan sonaba con una calma forzada y un cierto tono de resignación, como si a pesar de no querer tener esa conversación se estuviese obligando a tenerla— ¿qué tal estás?

—Bien, estoy bien. ¿Y tú?

—Yo bien también.

El tono de ambos era extraño y tenso, como si no supiesen cómo encaminar la conversación y los silencios se hacían incómodamente patentes.

—Oye, tendríamos que hablar. —Dijo Jonny.

—Claro, ¿cuándo te viene bien?

—¿Te parece esta noche? En el puente rojo.

—Sabes que desapareció cuando los terremotos ¿verdad?

—Sí, junto a él entonces.

—De acuerdo, hasta esta noche.

—Hasta… — Antes de que Jonny pudiese terminar de responder Susan colgó. Él hizo lo propio y se recostó en el sofá respirando profundamente y soltando el aire poco a poco en una bufido. Apoyó los codos sobre sus piernas y hundió la cara en sus manos; era la conversación más tensa que había tenido con Susan desde que la había conocido y sabía que cuando se viesen en persona sería aún peor.

El teléfono comenzó a sonar haciendo que Jonny diese un pequeño respingo debido a la sorpresa, soltó un taco y lo cogió.

—Ha sido bastante difícil conseguir tu teléfono Jonny, aún sigo esperando tu llamada. — La voz de Terry Vimes sonaba extraña a través del teléfono, aún más grave que cara a cara.

—Señor Vimes, tenía pensado llamarle hoy mismo.

—Llamame Terry, por favor. —Insistió.

—De acuerdo, Terry. —Llamarlo por su nombre se le hizo realmente extraño, incluso desagradable.

—No has cambiado de opinión respecto a lo que hablamos, ¿verdad?

—No, claro que no.

—Genial. —El tono de alegría sorprendió a Jonny, por lo poco que sabía de Vimes era una persona seria y mostrar emociones no era normal en él —. ¿Podrías pasar esta tarde por mi casa para concretar los pormenores?

—Hoy va a ser imposible. —Se disculpó Jonny —. ¿Mañana?

—De acuerdo, mañana sobre las diez de la mañana te espero. Hasta mañana Jonny.

Jonny colgó y se quedó pensando un momento en la actitud de Terry Vimes, por alguna razón de repente había empezado a tratarle con toda la familiaridad del mundo, pero había algo que le olía mal en todo aquello, no sabía qué, pero algo no cuadraba. Volvió a mirar el teléfono, aún tenía que hablar con Tom. Descolgó y marcó. El tono de llamada pasó a ser una señal de ocupado, colgó y volvió a marcar, pero pasó exactamente lo mismo. Jonny dejó el auricular en su sitio y se tumbó en el sofá, ya le llamaría más tarde; cerró los ojos y decidió descansar un rato mientras llegaba la hora de hablar con Susan.

Cuando abrió los ojos era totalmente de noche, se levantó del sofá y encendió la luz de la habitación. El reloj marcaba casi las once, aunque no había concretado una hora con Susan sabía que ya debía de estar esperándole, seguramente desde hacía algo más de una hora. Se puso el traje y fué hacia el puente rojo.

Susan summers observaba los restos de lo que había sido el puente rojo y que seguramente desaparecería para siempre; daba sorbos a una petaca que sacaba del bolsillo trasero de su pantalón para volver a guardarla en el mismo sitio. Jonny se acercó a ella procurando que lo viese llegar, sabía que sorprenderla no era buena idea. Susan se giró hacia él y lo miró directamente a la máscara con una expresión que mezclaba enfado y culpa; intentó vislumbrar los ojos de Jonny a través de las lentes que los cubrían, pero sólo vio su propio reflejo; cuando vio su expresión cambió por una totalmente neutra.

—Hola Jonny. —Su voz sonó casi sin fuerza.

—Hola.— Jonny señaló a uno de los bancos que había dispuestos para que los viandantes observaran el río — ¿Nos sentamos?

Susan se dirigió al banco y se sentó dejando la petaca en el suelo entre sus pies, Jonny se sentó a su lado. Se quedó mirando fijamente a la petaca, sin saber cómo empezar a hablar y preguntándose porqué la llevaba Susan.

—¿Cómo estás? —Dijo al fin.

—Bien, de vacaciones, ¿y tú?

—Yo estoy bien, he tenido tiempo de descansar.

—Lo siento Jonny, no quería dispararte, de verdad que no era yo…

—Lo sé. —La interrumpió Jonny.

—No, no lo entiendes, de verdad que no era yo, no controlaba mi propio cuerpo.

—Tranquila. —Jonny intentó calmarla al darse cuenta de que había comenzado a hablar de forma frenética y con la mirada perdida, como si estuviese rememorando lo que había pasado —. Sé perfectamente que no eras tú, era alguien que había tomado el control de tu cuerpo, sé que tú no me disparaste.

—Pero debería haberlo hecho.—Dijo Susan como para sí, luego miró a Jonny directamente —. Hay dos muertos que se te atribuyen, de hecho debería detenerte ahora mismo. Joder Jonny, me golpeaste y me dejaste inconsciente —sus ojos empezaron a brillar a causa de unas lágrimas que casi brotaron, cogió la petaca de entre sus pies y dió un trago —, ¿qué debería hacer ahora?

—No lo sé, sólo puedo decirte que yo no los maté, iba a condenar a Simons a una muerte segura, pero… estaba desesperado y para mi era completamente justificado.
Susan miró a Jonny sin saber de qué le estaba hablando. —¿Qué?

—La enfermedad del puerto viejo, Susan, iba a traspasarsela a él, de hecho lo hice, pero me desmayé en el proceso, alguien me sacó de ahí y los mató, yo me enteré después y no pude hacer nada.

—¿Sabes quién los mató? —Preguntó susan con un tono seco, por un momento dejó de lado lo que había hecho Jonny y se centró en conseguir detener al asesino.

—Aún no, estoy en ello.

—Bueno, dime qué pasó después, dónde despertaste, algo.

—No lo recuerdo, hace mucho tiempo ya.

—Vamos Jonny, no me jodas —Susan elevó la voz, estaba harta de tanto secreto, entendía que Jonny quisiese mantener su identidad en secreto, pero entorpecer una investigación de asesinato era pasarse — ¿no te acuerdas, de verdad, me estás diciendo que despertaste en un lugar desconocido y ya se te ha olvidado? ¿No había nadie, no sabes cómo saliste de ahí, ni por dónde te fuiste? Porque tu traje estaba en la escena, así que puedo suponer que estabas desnudo, así que lo mismo tengo que ver las denuncias de exhibicionismo de esos días. Y ya que estamos, ¿quien te ha tratado la herida de bala? Porque no es un rasguño, y veo que te has curado bien, porque si se te hubiese infectado la pierna no estaríamos aquí hablando tranquilamente.

Jonny se levantó y dió la espalda a Susan. —No puedo, no puedo decirte nada Susan, lo siento.

Susan se levantó y golpeó a Jonny. —No puedes, lo siento, ¿a ti que mierda te pasa? —Susan lo golpeaba cada vez con más fuerza y más rabia —, me he jugado el cuello por ti varias veces, te he ayudado siempre que he podido, y ahora tú me sueltas estas gilipolleces.

Susan cogió la petaca del suelo y dio otro trago, la guardó en el bolsillo del pantalón y se marchó, antes de alejarse de Jonny se detuvo sin darse la vuelta. —Se ha acabado Jonny, a partir de ahora tú eres un delincuente y yo una detective, en cuanto pueda te voy a llevar esposado a comisaría, así que ten mucho cuidado.
Jonny permaneció unos minutos en silencio mirando a la nada, «tú eres un delincuente y yo una detective», ¿cómo se había torcido todo tanto? Volvió a casa intentando idear una solución, pero no vio que se pudiese hacer nada, sólo el tiempo diría.

Normalmente no habría ido sin el traje a ver a alguien que lo conociese como Jonny Battery, pero de todas formas Terry Vimes ya lo había visto sin él varias veces; así que decidió usar el vestido que le había dejado la última vez. Se miró al espejo, observando su cuerpo con aquel vestido puesto, aquel cuerpo que nunca le había resultado propio; Terry había tenido buen ojo al elegirlo, ya que no marcaba su figura, de hecho si no hubiese sido por sus rasgos faciales podría haber pasado por un hombre con vestido.

El camino hacia la casa de Vimes le resultó bastante incómodo, la gente lo miraba al pasar, los hombres con esa expresión de deseo y perversión, y muchas mujeres con envidia. Al llegar a su destino el guarda apostado en la puerta lo hizo pasar directamente, debía estar avisado de su llegada, lo que no sabía era si sabía quién era realmente; algo que notó Vimes nada más verlo «tranquilo, sólo sabe lo imprescindible, tu identidad está a salvo» le dijo cuando lo recibió. Ambos se dirigieron a un despacho que era casi tan grande como toda la casa en que vivía Jonny, la pared del fondo estaba totalmente cubierta por una estantería de madera repleta de libros, en una de las paredes laterales había un enorme cuadro en el que se podía ver la ciudad pintada en una noche lluviosa, algo que a Jonny le pareció redundante, ya que era la imágen que solía mostrar; bajo el cuadro un enorme escritorio de madera maciza miraba hacia la pared de enfrente que estaba formada casi íntegramente por un ventanal. El resto de la habitación estaba decorado con lo que parecían fotos familiares y un mueble bar. Vimes indicó a Jonny que se sentase en una de las silla frente al escritorio mientras él se dirigía hacia las bebidas.

—¿Quieres algo?

—No, gracias.

—Puedo pedir que te traigan algún zumo, o agua.—Vimes sonreía mientras se servía una copa de algún tipo de alcohol —.Te queda bien el vestido.

—Ya. — El tono de Jonny fue totalmente seco.

Vimes se sentó a su lado y colocó un posavasos y el vaso sobre la mesa.

—¿Seguro que no quieres nada?

—No, de verdad. He venido a hablar de trabajo, así que cuanto antes terminemos mejor.

—Bien, hablemos de trabajo entonces. —Vimes se levantó y se cambió de sitio, sentándose al otro lado de la mesa —.

Veamos, mi idea inicial es contratarte como parte de mi seguridad, pero tengo en cuenta que querrás tener tiempo para ti y tu actividad normal como Jonny Battery, así que sólo sería en eventos importantes, como la fiesta de este viernes. Por supuesto tendrías una remuneración acorde a tu labor. ¿Qué te parece?
Jonny observó atentamente a Vimes, intentando entrever alguna intención oculta tras esa sonrisa que mostraba desde unos días atrás, pero eso de entender a la gente era algo que nunca se le había dado bien, no se entendía así mismo, como para hacerlo con los demás.

—¿Y cual sería mi labor? —Preguntó.

—Asegurarte de que no me maten, básicamente. Unas horas antes de la fiesta tienes una reunión con mi jefe de seguridad, él te explicará los pormenores. Y lo más importante —dijo metiendo una mano en un cajón y poniendo un fajo de billetes en la mesa—, tu sueldo, mil pavos por trabajo, creo que es bastante generoso; todo libre de impuestos.

—¿Cómo sabes que van a intentar matarte? —Preguntó Jonny mientras observaba el dinero.

—No lo sé, pero puede pasar, así que más vale prevenir. —Vimes se levantó y extendió una mano hacia Jonny—. ¿Trato hecho?

Jonny se levantó, cogió el fajo y estrechó la mano de Vimes con firmeza, pudo ver cómo torcía el gesto, no se esperaba tanta fuerza. —Trato hecho.

El jefe de seguridad de Vimes había explicado de mala gana a Jonny la estrategia que iban a seguir, no sabía si lo que le molestaba era el traje o que Vimes le hubiese contratado, pero el tipo había sido totalmente maleducado. Media hora después estaban en la mansión de la alcaldesa, cada uno oculto en su posición y comunicándose mediante walkies.

Todo lo mejorcito de la ciudad había acudido con carísimos trajes de noche, joyas absurdamente llamativas y toda la parafernalia que la gente adinerada solía usar cuando aparecía en público, y más en esas ocasiones; Jonny pensó que seguramente en sus casas serían como todo el mundo, vistiendo pijamas o ropa de calle, aunque quizá alguno tuviese la costumbre de pasearse desnudo por su enorme mansión, o vistiendo ropas hechas de animales ya extintos.

La noche pasaba tranquila, la gente hablaba, reía, bebía y comía de los que los camareros les ofrecía en bandejas de plata. De vez en cuando el jefe de seguridad pedía uno a uno confirmación de que todo seguía tranquilo y así lo hacían. Todo aquello era insufrible, no era la primera vez que esperaba a que algún delincuente apareciese, pero había algo diferente, el sentirse controlado, seguir órdenes de otra persona no iba con él, y el tiempo pasaba demasiado lento.

Una vez más el jefe de seguridad pidió confirmación y uno a uno iban indicando que todo estaba bien en su zona; sin embargo esta vez el recuento se quedó a medias. Alguien preguntó el motivo de aquella interrupción y antes de recibir una respuesta la casa se quedó completamente a oscuras. Los gritos de la gente comenzaron a invadir el ambiente, asustados y sin poder apenas ver a su alrededor, aparecían pequeños puntos de luz procedente de encendedores y los pasos acelerados terminaban de generar un ruido caótico.

Jonny se apresuró a buscar a Vimes entre todo aquel jaleo, pero era imposible distinguir a nadie en aquella oscuridad. Abandonó su puesto y se acercó a la multitud para intentar encontrarlo, pero antes de que llegase hasta la gente el propio Vimes lo agarró del brazo.

—Vámonos de aquí. —Le dijo tirando de él.

—Tu jefe de seguridad ha desaparecido.

—Mierda. —La expresión de Vimes parecía ser de verdadera pena, pero era difícil asegurarlo en aquella oscuridad —.

Espero que no le haya pasado nada, sería muy complicado encontrarle sustituto.
Jonny siguió a Vimes por un pasillo, de hecho era uno de los que le habían indicado como salida en caso de que algo sucediese, como si el propio Vimes hubiese estudiado el plan de escape.

De repente una luz inundó el pasillo y Vimes cayó desplomado al suelo. Jonny miró alrededor, aún cegado por el destello, justo a tiempo de ver una figura que le apuntaba con un arma; saltó hacia una lado justo a tiempo de evitar recibir el disparo y entornó los ojos para no quedar cegado de nuevo. Miró al tirador que estaba recargando el arma y decidió que era momento de probar el nuevo añadido a su armamento. Apuntó su brazo derecho en dirección a su objetivo y una pequeña esfera salió disparada, cubriendo al impactar todo el cuerpo del tirador de rayos eléctricos que lo hicieron caer inconsciente.

Jonny se acercó a Vimes después de asegurarse de que no había nadie más alrededor, se agachó a su lado y pudo ver un charco de sangre bajo su cuerpo, le dió la vuelta y observó que la mancha salía del pecho. Jonny se quitó la máscara y acercó su oído a la nariz de Vimes, aún respiraba.

—Venga Vimes, despierta, tenemos que sacarte de aquí. —Comenzó a decir mientras le daba golpes en la cara.

Vimes abrió los ojos y le sonrió dolorosamente. —Ayúdame a levantarme.

Jonny lo cogió por debajo de los brazos y lo levantó; él se quejó, pero insistió en que continuase, tenían que moverse antes de que llegase alguien más. Cuando terminó de ponerlo en pie Vimes lo observó con aquella sonrisa que siempre le dedicaba últimamente, y antes de que Jonny tuviese tiempo de reaccionar Vimes lo estaba besando.

Durante unos segundos Jonny no supo cómo reaccionar, aquel beso le resultaba agradable, pero no era algo que esperase, no sabía ni siquiera si era algo que quería. Se separó de Vimes y lo apartó de un empujón que hizo que este se quejase por la herida. Recogió la máscara y se la puso.

—Vamos. —Dijo Jonny dirigiéndose a la salida.

—Espera, no vayas tan rápido, estoy herido.

—No parece que estés tan mal, vamos.

En la salida había un coche esperando con algunos de los hombres de Vimes, que lo metieron en el interior del vehículo mientras Jonny se largaba de allí sin saber qué cojones había pasado ni qué cojones pensar.

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