El Engendro Mecánico

Un relato de Jonny Battery

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Juan Andújar Molina

Juan Andújar Molina

Pues poco puedo decir de mi, me gusta el rol, leer, los videojuegos y muchas cosas más.
Y cómo no tengo bastante con la falta de tiempo que ya tengo de por sí sólo con vivir, pues me meto a hacer cosas para esta gente.
Juan Andújar Molina

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– Buenos días gran héroe. – La voz de Susan sonaba agotada, pero de buen humor, y por lo general el buen humor sólo le venía cuando había descubierto algo o cuando se había pasado con la bebida.
– ¿Qué tienes para mi, Sherlock?
– ¿Qué, qué eso de Sherlock?
– Nada, déjalo, cosas mías. – Aunque era buena en su trabajo, Jonny podría haber jurado que Susan no había leído un libro en su vida. – Dime que tienes información.
– Por supuesto, si no para qué te iba a llamar. Tengo un sitio en las afueras que puede que sea el escondite de nuestro amigo mecánico; un hangar que debería estar abandonado, pero que al parecer ha tenido movimiento en las últimas semanas.
– Genial, y ¿dónde está ese hangar?
– En el antiguo puerto pesquero, hangar 42, ¿sabes dónde es?
– Tengo un mapa de la ciudad.
– Ufff, vaya un héroe nos ha tocado, que ni siquiera conoce la ciudad que intenta proteger. Bueno, que vaya bien, yo me voy a la cama, intenta no quemar nada esta vez.
– Por sup… – Eso de colgar cortando sus frases se empezaba a convertir en algo muy molesto para Jonny.

Eran algo más de las 6 de la tarde cuando Jonny llegó al hangar 42, que desentonaba bastante de los demás, era más que evidente que había habido movimiento reciente en él.

Al abrir las puertas todo estaba en total oscuridad, salvo por un pequeño punto de luz que pudo distinguir al fondo una vez su vista se acostumbró.

Jonny se acercó lentamente intentando ser todo lo silencioso posible cuando vio dos nuevas luces que aparecieron de repente; por alguna razón esas luces le resultaban familiares, tenía la sensación de que las había visto antes. Cuando cayó en que se trataban de los ojos del engendro los puntos de luz ya se habían empezado a mover hacia él.

Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando ya tenía aquello a su altura y le estaba dando un golpe que lo mandó hacia arriba abriendo un agujero en el techo del hangar; estaba claro que al engendro le gustaba abrir puertas nuevas usando a Jonny.

Las membranas de absorción cinética que había puesto en el traje funcionaban perfectamente, apenas había notado los impactos y las baterías se habían cargado casi a tope. Era el momento perfecto de probar otra de sus nuevas herramientas; el engendro ascendía hacia él, apuntó los puños en su dirección y activó el generador de pulso electromagnético a máxima potencia. Una honda semitransparente salió disparada en dirección a su objetivo y lo empujó de vuelta hacia el suelo, agrandando el agujero del hangar y dejando un socavón en el suelo.

Todo había funcionado como esperaba, evidentemente, y como esperaba el pulso lo lanzó mucho más alto, la caída iba a dejarlo hecho un charco en el suelo, pero ya había previsto algo así, por lo que incorporó unos electroimanes de levitación en las botas. Como era lógico funcionaban perfectamente, la caída se convirtió en un suave descenso y sin demasiada dificultad aterrizó junto al engendro.

Jonny revisó la carga de las baterías, casi un 20%, más que suficiente para terminar.

Activó la sierra de rayo y se dispuso a cortar lo que cubría la cabeza de aquella cosa, estaba seguro de que se trataba de una cabeza humana.

Cuando estaba a punto de comenzar a cortar los ojos volvieron a encenderse y una mano lo agarró de la cabeza y golpeó su cuerpo contra el suelo. Se levantó sin soltarlo y volvió a golperarlo varias veces.

Jonny se encontraba desorientado debido a los golpes y la sierra fluctuaba, intentó cortar el brazo que lo agarraba, pero no estaba seguro siquiera de si había acertado o si simplemente la sierra no funcionaba.

Era el final, si no ocurría un milagro el gran Jonny Battery no vería un nuevo amanecer, ni anochecer, la verdad. Quizá Susan apareciese de repente y salvase la situación, quizá pudiese activar alguna de sus herramientas, pero apenas podía pensar claramente, mucho menos activar nada de lo que tenía el traje. Era el fin, joder, ni siquiera había conocido a alguien lo suficientemente interesante como para sentirse atraído por él; las cosas en las que piensa uno en estos momentos.

Sin embargo no hubo un fundido en negro, ni una luz al final del túnel ni nada de eso, cuando su vista se centró pudo ver al engendro observándole.

– ¿Te has espabilado ya? – La voz del engendro mecánico sonaba enlatada, pero más humana de lo que cabría esperar. – Eh, responde, ¿sigues vivo o no?
– Sí, sí. – Apenas podía mover la boca, y emitir sonidos fue jodidamente difícil.
– ¿Qué te ha dado a ti con hacerte el héroe, eh? Podrías haberme dejado tranquilo, habría robado dos bancos más y habría desaparecido; de todas formas esos banqueros son todos unos ladrones, a nadie le habría importado demasiado; pero no, tenías que meterte por medio.
– Eh, yo sólo hago lo que hay que hacer, detengo a los malos, tú eres malo, dos y dos.
– Ja, yo soy malo, claro, yo soy el malo. – El engendro soltó a Jonny en el suelo. – He sacrificado mi vida, me he convertido en esta cosa para poder conseguir el dinero que esos banqueros no me quisieron dar cuando se lo pedí, porque lo necesitaba, porque otras personas depende de él; pero a ellos no les importan las personas, sólo les importan ellos mismos y sus fortunas, y yo soy el malo.

Jonny se incorporó a duras penas, se tambaleó y volvió a caer, espetó alguna maldición y se levantó de nuevo.

– ¿Y a mí qué me cuentas? Todos tenemos nuestros problemas, si necesitas dinero trabaja como hace todo el mundo.
– Que trabaje, he trabajado desde que era un crío, pero trabajando no se pagan las facturas de los médicos chaval. -El engendró comenzó a gritar, había perdido la poca paciencia que le quedaba.

Miró fijamente a Jonny y la zona que cubría lo que debía ser su cara comenzó a abrirse. Una cabeza totalmente calva, sin color y demacrada, unida por cables al resto del cuerpo lo miraba con los ojos húmedos, apunto de llorar. Relajó un poco el tono y casi como si hablase con tono paternal le dijo: – He trabajado todo lo que he podido, he hecho todo lo que ha estado en mi mano para salvarles, pero al final esta era la única forma, y tú no me vas a detener.

De repente un puño mecánico golpeó a Jonny lanzándolo contra el suelo, el engendro saltó hacia él y le cayó encima, golpeando su pecho con rabia. Los golpes dolían, algo crujió y todo el cuerpo de Jonny comenzó a arder. Intentaba bloquear los puñetazos de aquella cosa gigantesca, pero era imposible, él estaba destrozado y el engendro era el doble de grande, además de mecánico.

Jonny desistió de intentar parar los golpes y estiró su mano hacia los cables que salían de la cabeza de su atacante, con la punta de los dedos pudo coger uno y tiró. El engendro se detuvo y reculó, lo que Jonny aprovechó para lanzarse contra él y arrancar el resto de cables que unían su cabeza al cuerpo; pero antes de poder agarrarlos el brazo del engendró le golpeó en el costado lanzándole a varios metros.

Jonny respiró profundamente, aquella cosa estaba tardando en caer más de lo que debía. Se levantó a duras penas del suelo y preparó el pulso electromagnético mientras caminaba en dirección al engendro que comenzaba a levantarse, apuntó y disparó, pero en lugar del pulso que esperaba, de los generadores salieron varias chispas y comenzaron a arder. Jonny intentó apagarlos, pero el engendro aprovecho para correr hacia él y barrerlo de un puñetazo hacia abajo, tumbandole de nuevo.

Jonny rodó hacia un lado justo a tiempo de esquivar el golpe, que rajó el suelo, dió una patada a la cara de su enemigo haciéndole retroceder y casi perdiendo el equilibrio y se levantó todo lo rápido que pudo, lanzando un directo contra la cara del engendro; de su nariz, en lugar de sangre comenzó a caer un líquido espeso y marrón. Sin embargo no fue suficiente, parecía que nunca se cansaba o incluso que no sentía dolor, porque siguió atacando a Jonny con la misma intensidad; pero Jonny estaba ya exhausto, apenas podía esquivar los golpes del engendro, y con los brazales quemados tampoco podía atacarle con suficiente fuerza.

A cada golpe que el engendro le lanzaba Jonny retrocedía, el sudor dentro de la máscara comenzaba a entrarle en los ojos y nublarle la vista cuando al saltar hacia atrás para esquivar chocó con la pared del hangar. Se había quedado sin espacio y el próximo golpe se lo iba a comer, el puño del engendro iba derecho a su pecho y sólo se le ocurrió una cosa; más le valía que funcionase o estaba acabado.

Jonny giró sobre sí mismo, el golpe le destrozó la espalda y notó como algunas vértebras le crujían, pero también oyó el sonido de la descarga que las baterías que llevaba colgadas dio al engendro. Cuando se giró estaba tirado en el suelo con espasmos y Jonny aprovechó para tirar de todos los cables que salían de su cuello, líquidos de distintos colores y densidades comenzaron a derramarse en el suelo y el engendro cayó como si hubiese perdido toda su fuerza.

– Los has matado, héroe, je; pero tú tampoco durarás demasiado.

El engendro cerró los ojos y no dijo nada más. Jonny pensó en tomarle el pulso, pero ¿de dónde? Así que salió del hangar dejándolo ahí, preguntándose qué había querido decir con que él tampoco iba a durar demasiado.

Al salir vio un grupo de agentes embutidos en trajes NBQ, uno de ellos se acercó.

– ¿Estás bien, Jonny? – Se trataba de Susan.
– ¿Porqué vais todos así vestidos?
– Por la enfermedad del puerto viejo, aquí entrar sin traje es un suicidio.

Jonny se quedó perplejo, ahora entendía a lo que se refería el engendro.

– Joder Susan, ¿porqué cojones no me avisaste?
– Porque supuse que lo sabrías.
– Mierda, pues no lo sabía, no tenía ni puta idea. – Joder, de hecho apenas sabía nada de esta ciudad, había estado casi toda su vida aislado del mundo.
– Bueno, tú llevas tu traje.
– Este traje no filtra nada, joder, sólo sirve para aguantar golpes; mierda. – Jonny miró a Susan directamente a los ojos a través de la máscara – Dime que tiene cura.

Susan bajó la vista, no sabía cómo responder a eso, nadie había sobrevivido jamás a la enfermedad del puerto viejo.

Jonny no dijo nada, no sabía cómo reaccionar, estaba jodido y aquella mierda no tenía cura. Esa maldita Susan, ¿cómo pudo presuponer algo así, cómo podía alguien ser tan inútil?

Comenzó a andar de vuelta a casa, tenía que pensar algo y tenía que hacerlo rápido. Oyó la voz de Susan llamándolo, pero la ignoró, ahora lo que menos quería era hablar con la persona que lo había condenado a una muerte segura.

Juan Andújar Molina
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